Maquinariadelanube. Arte, libros, cine, conexiones. Alta fontanería

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Desde que empecé a publicar entradas en la vieja maquinaria tuve claro que no dedicaría espacio a las circunstancias personales. No me interesan demasiado las confesiones y decidí que aquí habría únicamente contenidos, cosas. No yo. O al menos no más de mí que lo que las cosas por sí mismas puedan decir. Ahora hace meses que la maquinaria no se mueve, y este silencio ha dejado de parecerme honesto. Hasta hace poco he pensado que podría retomar el anterior ritmo del blog, ya que tengo textos e imágenes en el tintero, pero lo evidente se impone: la maquinaria de la nube solo tiene sentido como espacio gratuito -la gratuidad de lo que se mueve porque sí, sin más sentido que su propio movimiento- y yo ya no encuentro el tiempo, la concentración o las ganas necesarias para mantener el blog al nivel que me gustaría, como tampoco tengo intención de dejar que se instale en una inercia poco interesante o descuidada. Los últimos artículos fueron los más leídos y probablemente los que más gustaron. A día de hoy, tras casi ocho meses de inactividad, el blog sigue anotando varios cientos de visitas diarias. Es el momento de parar.

Creo que sigue siendo necesario lo que aquí se venía haciendo, el tipo de contenidos y de elaboración que aquí se ofrecía, pero por primera vez en mucho tiempo me he cansado de analizar y de contar historias. Son ya seis años de escritura, de hacerme preguntas que han desembocado en el convencimiento de que también las imágenes piensan y pueden ser pensadas y útiles para acercarnos y para comprender el mundo, o intentarlo al menos. Muchos otros lo saben y lo seguirán haciendo mucho mejor que yo. No sé si me despido definitivamente o si retornaré dentro de nada para llevarme la contraria a mí mismo, pero en este momento tengo ganas de hacer otras cosas. O puede incluso que tenga ganas de no hacer nada. Me compadezco de los que no saben o no pueden detener nunca el paso. A lo mejor lo que realmente me apetece es tan solo esperar en silencio mirando fijamente un sombrero de copa. A ver qué sale.

A los inventariófilos les comunico que el Aleph de Ramón no se detiene, sencillamente porque no sé cómo parar ese motor. Gracias a todos lo que leyeron. Gracias a todos los que aportaron.

Me ha parecido bien terminar así, con una i de infraleve. Y con música.

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John Berger. Naturaleza y arte.

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La vida urbana siempre ha tendido a producir una visión sentimental de la naturaleza. Se piensa en la naturaleza como en un jardín, una vista enmarcada por una ventana, un escenario de libertad. Los campesinos, los marineros, los nómadas saben que no es así. La naturaleza es energía y lucha. Es lo que existe sin promesa alguna. Si pensamos en ella como en un escenario, un ruedo, éste ha de ser uno que se preste tanto para el mal como para el bien. Su energía es de una indiferencia atroz. La primera necesidad de la vida es un techo. Guarecerse de la naturaleza. El primer signo de la vida es el dolor.

Es en este contexto natural tan poco prometedor en donde se descubre la belleza, y el descubrimiento es por naturaleza súbito e impredecible. La tempestad se calma, el color del mar cambia del gris pardo al aguamarina. Bajo la piedra desprendida en un alud crece una flor. La luna surge sobre las chabolas. (…) Se encuentre donde se encuentre, la belleza es siempre una excepción, siempre aparece a pesar de. Por eso nos emociona.

Todos los lenguajes artísticos han sido desarrollados como un intento de transformación de lo instantáneo en permanente. El arte supone que la belleza no es una excepción (que su existencia no es a pesar de), sino la base de un orden.

El arte no imita a la naturaleza; imita a una creación, unas veces para proponer un mundo alternativo, otras sencillamente para ampliar, confirmar, hacer social, la breve esperanza que ofrece la naturaleza. El arte es una respuesta organizada a aquello que la naturaleza nos deja entrever ocasionalmente.

El pájaro de madera blanca se balancea empujado por el aire caliente de la estufa de la cocina, en donde los vecinos están bebiendo. ¡Fuera, a veinticinco grados bajo cero, los pájaros de verdad mueren congelados!

John Berger, El sentido de la vista

http://pajaroslabrava.blogspot.com.es/2009/02/el-pajaro-blanco-ii.html?m=1

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