Lorenzo Arias Páramo: «O se restaura ya Santullano, o tendremos que pegar fotos con celo donde antes había pinturas murales»

Entrevista a Lorenzo Arias Páramo, por Pablo Batalla Cueto, La Voz de Asturias, 5 de marzo de 2017.

Lorenzo Arias

LORENZO ARIAS PÁRAMO

El mayor experto de Asturias en arte altomedieval asturiano vuelve a exponer en el Centro de Interpretación del Prerrománico de Oviedo las primorosas planimetrías que elaboró en los años ochenta y noventa. Aprovechando la circunstancia, denuncia el calamitoso estado de conservación de las pinturas murales de Santullano y San Miguel de Liño, que precisan, dice, una intervención urgente que, debido a la dejadez de las autoridades competentes, se ha acabado convirtiendo en «una emergencia nacional».

-Vuelven a exponerse las planimetrías de los monumentos prerrománicos que usted elaboró en los años ochenta y noventa.

-Tienen unos años ya, sí. Me ayudó Emilio Olavarría, que tenía la inquietud de que del prerrománico asturiano aún no se habían hecho planimetrías, y a Manolo de la Cera, el consejero de Cultura de entonces, le entusiasmó la idea. Las de Santa María del Naranco son de 1985, 1986, 1987; las de San Miguel de Liño, de 1988; las de Santa Cristina de Lena, de 1989 y 1990. Después me llevó dos años hacer San Julián de los Prados, tanto el exterior como el interior. En 1993 estuve en Valdediós y en La Foncalada, en 1995 en San Pedro de Nora, en 1996 en Bendones y en 1996 ó 1997 se agotó el tema, ya no recuerdo por qué. Con aquel material se hicieron varias exposiciones y publicaciones. Alguna de ellas está agotada: tuvieron mucho éxito. Después saqué segundos originales a 1,40 en una fotomecánica muy buena de Madrid. Son casi mejores que los originales, y son los que ahora tiene Recrea por medio de Liberbank y los que se van a ir exponiendo en el Centro de Interpretación del Prerrománico.

-Asentemos conceptos. ¿Qué es una planimetría?

-Una planimetría es un dibujo piedra a piedra y elemento decorativo, escultórico o pictórico a elemento de una determinada construcción arquitectónica. El proceso es muy laborioso: hay que disponer en los paramentos una cuadrícula de hilos de plástico con la que se toman las coordenadas y que sirve de guía para ir dibujando en papel de poliéster milimetrado. Es lo mismo que se hace en una excavación arqueológica, pero en vertical.

-¿Para qué sirve una planimetría?

-A mí, al principio, me interesaba sobre todo para estudiar los sistemas metrológicos de proporción. Pero las planimetrías sirven para eso y para muchas cosas más. Sirven para estudiar cómodamente los edificios. Ahí está todo; toda la información que puede interesarte saber de una determinada edificación: esta piedra está al lado de ésta, y tiene esta forma y no otra, y este fuste tiene cuatro módulos, y las dovelas de los arcos tienen tal dovelaje… Nosotros, en un momento dado, hicimos trabajos interdisciplinares con el Departamento de Geología. Estudiamos la meteorización de las piedras, su grado de alteración o de deterioro, si tienen restos de pintura o no, la cal que se utilizó… Toda esa información también está en las planimetrías. Se hacen en torno a quince de cada iglesia: el nivel de detalle es enorme. Una cosa para la que son particularmente útiles es el estudio de las fases constructivas. Todos los monumentos prerrománicos han ido siendo modificados y alterados a lo largo de los siglos en mayor o menor grado: desde reparaciones por derrumbes sucedidos ya en la Alta Edad Media hasta las restauraciones de Menéndez Pidal y otros a finales del siglo XIX y principios del XX. Y las planimetrías te permiten dilucidar muy bien eso: qué mampostería es original y cuál es nueva. O estudiar cuántos artesanos trabajaron en la construcción. Las planimetrías son como radiografías: permiten analizar un edificio y su evolución sin dañarlo.

-De algo de lo que se conoce hasta la última piedra, ¿qué más queda por conocer? ¿Qué descubrimientos quedan por hacer en materia de prerrománico asturiano?

-Hay una serie de interrogantes que, por ahora, no es que se nos escapen, pero todavía no podemos responder taxativamente; todavía no disponemos de una verdad absoluta. Uno de ellos es la cronología de las edificaciones: si debemos considerarlas, como Bango Torviso, el último arte clásico o si de lo que hay que hablar es del primer arte medieval; si el arte asturiano es verdaderamente prerrománico o ya protorrománico, etcétera; si lo del siglo VII es en realidad del VIII, o lo del VIII del IX, etcétera; si las crónicas del ciclo historiográfico de Alfonso III son sólidas y fiables o no, o hasta qué punto… Y otro debate es la cuestión de las influencias. Hoy ya nadie piensa, como se pensaba en los años veinte, que el prerrománico asturiano fue un género completamente nuevo que surgió espontáneamente en la cruda orografía del norte de España. Está claro que hubo influencias culturales foráneas de todo tipo: bizantinas, orientales, visigodas… Y hay una discusión bastante intensa en torno al grado de cada una de esas influencias, así como en cómo llegaron a Asturias, que se inserta dentro de un debate académico más general y multidisciplinar sobre cuál fue el grado de romanización de Asturias. La tradición romana, ¿ya estaba en Asturias, o vino de fuera? Si vino de fuera, ¿llegó desde el mundo andalusí, o desde el carolingio y lombardo? El problema de todo esto es que hay pocos elementos de análisis sobre los que trabajar. Tratamos de comprender el cien por cien de una sociedad y de una época no sabiendo de ellas más que el diez por ciento.

-A los historiadores del prerrománico les sucede, quizá de manera no tan extrema, lo que a los prehistoriadores, que a veces deben deducir una sociedad entera a partir de un puñado de huesos y un par de útiles líticos.

-Sí, con una diferencia: los prehistoriadores, en general, juegan con estratigrafías que no han sido rotas y han sido amortizadas. Trabajan sobre algo puro. Nosotros, sin embargo, analizamos iglesias que han sido modificadas cientos de veces.

-Las sucesivas restauraciones de los últimos dos siglos, ¿fueron buenas?

-Las de finales del siglo XIX y principios del XX, antes de la guerra civil, sí lo fueron.. En aquel entonces había una Comisión de Monumentos muy fuerte que dependía en gran medida de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y en la cual estaban todos nuestros próceres: Ciriaco Miguel Vigil, Fermín Canella, Inocencio Redondo… Y toda esa gente se preocupó muchísimo por el conocimiento y la conservación de las iglesias. En la medida en que pudieron, y con sus limitaciones, hicieron muchísimo. La restauración de Santa Cristina de Lena de 1892 fue una de las primeras restauraciones buenas que se hicieron en la península. Estaba sin la bóveda, que se le había caído, y en una situación absolutamente calamitosa que ya Jovellanos había lamentado, y se hizo una labor impecable que sirvió de modelo para otras. La cosa cambió después de la guerra, o más bien después del 34, cuando, con la revolución, hay dos edificios que pierden mucho: la Cámara Santa, que es dinamitada por los revolucionarios, y la propia Santa Cristina, que es bombardeada por el Ejército que viene a sofocar la rebelión. La restauración de ambos edificios, así como la de Santa María del Naranco, se hace después de la guerra y la hace Luis Menéndez Pidal, pero con planos de Alejandro Fernández, que había empezado a trabajar en ello tras el 34 pero era republicano y cayó en desgracia tras la guerra.

-La Cámara Santa queda literalmente hecha polvo.

-Sí. Alejandro Fernández, que había llegado a la Cámara Santa y ya estaba a pie de obra ocho días después de la revolución, había escrito en su momento a Madrid diciendo que aquello era tan absolutamente horroroso, que estaba tan arruinado, que no había manera humana de reconstruirlo, y que lo que había que hacer era reedificar mínimamente pero señalando claramente lo que era moderno y lo que no lo era. Él decía que aquello era un testimonio de la barbarie humana y que había que dejarlo como estaba, no reconstruirlo todo como si no hubiera pasado nada. Pero al poder franquista le interesaba dar un golpe de efecto. La Cámara Santa era la cuna de la Reconquista, y Franco había reconquistado España de nuevo para Cristo. Ahí había un potencial propagandístico enorme que hacía que al régimen le interesara esa reconstrucción total de la que Fernández estaba en contra, y por eso lo que se hizo no fue una anastilosis, es decir, recolocar donde estaban los cincuenta mil ladrillos caídos y esparcidos, sino una construcción desde cero que rompió todos los cánones: se hicieron ladrillos nuevos de piedra caliza que no se demarcaron claramente de los viejos. Por lo demás, las sucesivas restauraciones puntuales llevadas a cabo en otros edificios desde entonces fueron correctas en general, pero la de las pinturas murales de Santullano en los ochenta fue muy chapucera.

-Usted no se cansa de denunciar el mal estado de los monumentos prerrománicos asturianos, y particularmente de la valiosa pintura mural de algunos de ellos, sobre todo la de de Santullano.

-Es una situación de emergencia nacional. La pintura mural asturiana no puede estar en la situación en la que está. Tenemos un elenco de pintura mural altomedieval como no lo hay en España ni aun en Europa: uno de los repertorios pictóricos más figurativos y más peculiares que quedan, con influencias del mundo de Al Ándalus de la mano de canteros y talleres expertos que venían a Asturias. Y se nos está yendo de las manos. Se ha restaurado parte de la pintura de San Miguel de Liño: la figura de El músico, el único que conocemos en una iglesia altomedieval europea. Y se han restaurado Tuñón y Bendones, pero queda todavía meterse con Santullano, con Valdediós y con el resto de San Miguel de Liño. Y es una urgencia hacerlo. Cuando digo emergencia, no exagero en absoluto. La pintura mural prerrománica se nos está cayendo. Si mañana (y no quiero hacer ninguna maldición) se nos cayera la torre de la catedral de Oviedo, al día siguiente se estaría reconstruyendo. Y bien está que sea así, porque la catedral de Oviedo es un icono, pero también lo son Santa María del Naranco y San Miguel de Liño. El problema es que como la pintura no se ve, como está dentro, parece que tiene menos valor. Pero no es así. Santullano necesita una restauración y la necesita ya. No se puede esperar ni al Instituto de Patrimonio, ni a que se apruebe un presupuesto, ni a nada, ni a nadie. Tiene que aprobarse una partida urgente del Ministerio de Cultura destinada a restaurar estos tesoros.

-¿Por qué están las pinturas prerrománicas en ese mal estado? ¿Qué factores contribuyen a su degradación?

-Santullano se restauró mal en los ochenta y San Miguel nunca se restauró, por lo que lleva así, tal y como está ahora, mil doscientos años. Esa despreocupación ya es un factor. Por lo demás, el problema es sobre todo de humedades y de contaminación, a lo que contribuye que se haya perdido la cal y el enlucido que antiguamente recubrían el exterior de las iglesias. El soporte tiende a separarse y en algunas zonas hay abombaduras, grietas, etcétera.

-¿Cuánto estima que podría costar la restauración que reclama?

-Es difícil de decir, pero yo creo que con un millón de euros se solucionaría el problema de San Miguel y con dos millones el de Santullano. Incluso con menos. Restaurar El músico costó 8000 euros. ¿Qué son 8000 euros en un presupuesto nacional? Además, el dinero destinado a la restauración podría dividirse en partidas: un año restauramos uno de los ábsides de Santullano, al siguiente los otros dos, a siguiente San Miguel… Se puede intervenir así, en fases, siempre que sea, claro está, con un orden resultante de un proyecto elaborado por restauradores expertos. Hay cuadros que se están restaurando y cuya restauración, siendo necesaria, podría esperar dos años. Y si no hay dinero, que se le expropien a Botín, a Rato o a quien sea tres millones de euros. O que se le pidan a algún mecenas. En Cataluña, en los años veinte, se extirparon las pinturas románicas de las iglesias de San Clemente de Tahull, Santa María de Ripoll, etcétera, y se llevaron al Museo de Arte de Cataluña, que sigue conservando todos los murales, las bóvedas pintadas, etcétera. Pues bien, hace poco varias entidades financieras, entre ellas una eléctrica y una empresa del gas, han dado hasta medio millón de euros para que a esas iglesias que ya no tienen la pintura original se les hiciera una recreación. Los mecenas de acá, sin embargo, prefieren darle un dineral a un fotógrafo para que haga fotos de Asturias. Eso está muy bien, pero hay cosas más urgentes, y una de ellas es ocuparse del patrimonio más antiguo que tenemos en España y el que nos permite conocer e imaginarnos la Monarquía Asturiana. De Tartessos sabemos mucho, pero no podemos imaginarnos la civilización tartésica, porque no tenemos construcciones ni apenas útiles. Aquí tenemos arquitectura, pintura, orfebrería… Pero estamos permitiendo que se nos pierda sin hacer nada por evitarlo. Esto es como la pobreza: hay que erradicarla, y hay que erradicarla ya, no podemos darle más vueltas.

-¿Podría hacerse lo que el Museo de Arte de Cataluña: sacar las pinturas de Santullano y de San Miguel de Lillo y guardarlas en un museo donde se conservaran mejor?

-No, no, ahora mismo eso no se puede hacer. San Julián de los Prados tiene un problema de humedades de aquí te pillo. Qué va, qué va. San Julián hay que arreglarlo in situ, y una vez arreglado podrían estudiarse otras cosas. De todas maneras, ¿dónde lo metes? No tenemos sitio. Hubo alcaldías trasnochadas que quisieron hacer un centro de interpretación de Santullano, pero aquello era absurdo. ¿En qué país vivimos? ¿Cómo que un centro de interpretación? Un centro de interpretación tienes que construirlo, documentarlo, integrarlo con piezas, poner a gente a enseñarlo y mantenerlo. En vez de hacer todo eso, ¿no es mejor y más eficiente gastarse esas perras en restaurar las iglesias para que el visitante pueda ver las pinturas en su lugar original y no en un museo?

-¿Es optimista con respecto a que esa restauración urgente que usted reclama se aborde?

-Si te digo la verdad, veo las iglesias sin pintura y con fotos pegadas encima dentro de unos años. La información que a mí me llega es que ni el ministerio ni la consejería están por la labor de hacer otra cosa que marear la perdiz, así que me temo que las pinturas se van a caer. Y si no hay más remedio, debido a la dejadez de las autoridades, que que se caigan, pues mire usted, tire la iglesia abajo y construya una inmobiliaria o ponga un Alimerka. Para ver esos tesoros maravillosos degradarse poco a poco, mejor cortamos por lo sano.

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