Marc Augé. El rito que abre el futuro. Quiénes y qué somos.

Entrevista Marc Augé, La Nación, por Pablo Gianera, 23 de junio de 2016.

http://www.lanacion.com.ar/1911529-marc-auge-si-no-fuera-de-mi-tiempo-e-intentara-entenderlo-estaria-muerto

Marc Augé: “Si no fuera de mi tiempo e intentara entenderlo, estaría muerto”

Marc Augé

El pensamiento tiene su propio sistema de signos físicos. Quien piensa lo hace con el cuerpo, no porque el cuerpo piense realmente solo, sino porque aquello que se nos quiere explicar tiene un correlato en los ademanes, en las inflexiones del habla. Es cierto que Marc Augé, llegado a Buenos Aires de París hace apenas cuatro o cinco horas, está cansado y que, entonces, no costaría demasiado atribuir a esa causa cierta morosidad en la sintaxis. Pero enseguida se descubre que, como cualquiera que está pensando, Augé no habla en esos momentos con otro sino consigo mismo. Quien le formula las preguntas no es más que el tercero excluido de una conversación (que pese a ser solitaria no es un monólogo) enteramente privada. No puede saberse cuándo concluye una respuesta: el silencio no es garantía de nada, porque bien podría ser que siguiera pensando. El interlocutor interviene, por lo tanto, sólo cuando ese silencio orilla lo intolerable, y lo hace con la culpa de haber interrumpido un engranaje intelectual que acaso no había concluido su recorrido.

Augé es sobre todo el gran pensador de la sobremodernidad, que debe distinguirse de la posmodernidad. “Me parece -dice sereno- que estamos en el apogeo de la modernidad. Hay una potenciación de los factores de la modernidad: el individualismo, la aceleración de la historia y la retracción del espacio. Sobremodernidad es sobredeterminación. No es un grado más sino que hay más factores en juego.”

Augé, que vino invitado por el Sistema Federal de Medios de la Nación y el Centro Franco Argentino, gozó de la suerte y de la desgracia de cualquier intelectual exitoso: acuñar una categoría maleable, persuasiva, inolvidable, que en su caso es la de “no lugar”, un sitio sin carácter ni identidad, como los aeropuertos, que son todos iguales. Es imposible no preguntarle por esto y es muy probable que el sábado, cuando a la una y media de la mañana participe de La Noche de la Filosofía en el CCK, tenga que volver a expedirse sobre la cuestión, ahora que los no lugares se generalizaron. “Algunas precisiones -se apura Augé-. Los no lugares no existen en sentido empírico. Los lugares tampoco. Lo que es un lugar para algunos puede ser un no lugar para otros. Actualmente, esta noción es compleja porque no hay no lugares absolutos: los espacios de consumo, de circulación y de comunicación se multiplican. Y no todas las comunicaciones establecen verdaderas relaciones sociales. Les falta la dimensión simbólica del espacio y del tiempo. El contexto es planetario. Hoy definiría el no lugar como el contexto de todo lugar posible.”

Pero Augé (antropólogo, etnólogo, aunque hace años que le pisa los talones a la filosofía) no es un pensador de consignas sino de vacilaciones. Después de todo, a los 80 años ya no se tienen demasiadas certezas, salvo la de la edad. Pensar en la edad propia es pensar en sí mismo.

-La etnología de sí mismo, tal como la formula en El tiempo sin edad, se presenta como una tarea propia de la madurez. ¿En qué punto de esa investigación sobre sí mismo y sobre su relación con la edad se encuentra ahora?

-Tengo la impresión de que al envejecer uno entra en una edad de la que había oído hablar pero que no conocía. Es una ocasión de desarrollar nuevas relaciones sociales. Por ejemplo, cuando subo al colectivo la gente me cede el asiento. La etnología de sí mismo es una cosa tan nueva como esas nuevas relaciones que se descubren. Una nueva relación con el otro. Eso sería posible a cualquier edad, pero lo cierto es que ocurre aesta edad. Particularmente, la edad es una noción social, que determina cosas que se pueden hacer y cosas prohibidas. Y cuanto más avanzada es la edad, más se nota esta singularidad. Creo que hoy entiendo mucho mejor a mi abuelo.

-Esa etnología de sí mismo, como disciplina, ¿es propia de esta época o habría sido concebible, aun sin ese nombre, hace siglos? Pienso en la cuarta edad.

-La cuarta edad, claro. Es una noción que tiene que relativizarse porque depende de los países y de las clases sociales. Pero es cierto que es algo general. Sí, históricamente se trata de una experiencia nueva, pero podría haber sucedido en cualquier época.

-Muchos de sus últimos escritos son muy personales, y esto no solamente porque aparezca la primera persona. La escritura misma, como ensayo, se inscribe en la tradición confesional de Montaigne, pero también de Michel Leiris.

-Siempre fui sensible a la expresión literaria y ésa fue mi primera formación. Montaigne, Leiris… Yo hablaría de no ficción. Paradójicamente, en mi caso yo me apoyaba en la ficción para hacer etnología. Le doy un ejemplo: en mi libro sobre los no lugares describo la trayectoria de un hombre que toma un avión y se describe cada acción: sacar el pasaje, viajar por la autopista al aeropuerto, el check in…

-Una estrategia narrativa.

-Eso mismo. Quería que el lector prestara primero atención a los hechos, para después poder analizarlos. Me parece que el origen de todo esto está en el siglo XVIII, con elCándido de Voltaire y con Montesquieu.

-La modernidad nos enseñó que el arte había progresado hasta conquistar su autonomía del ritual. Pero ahora, en su libro El antropólogo y el mundo global, usted nos propone que el arte contemporáneo restaura el ritual, aunque de un modo subversivo. ¿Cómo llegó a esa conclusión?

-El ritual es extremadamente importante. Por lo general hablamos de los ritos para referirnos a su dimensión histórica o de fidelidad al pasado. Pero si es sólo eso, es repetición, rutina. Hay otra dimensión del ritual, que es la apertura al futuro. Un rito que tiene éxito es un rito que abre el futuro. Por eso es crucial que los que participan en el ritual tengan la sensación de que algo pasó. Es un sentimiento de unidad. Necesitamos eso hoy en día. Es una dimensión que, además de en el arte, está incluso en el deporte. El deporte es un rito concentrado. La apertura al futuro es el resultado del partido.

-Usted, que pensó tanto sobre el tiempo, ¿se siente parte de este tiempo, se siente contemporáneo o inactual?

-Depende. Intento ser de mi tiempo y entender lo que sucede. Si no lo hiciera, estaría muerto… Por eso, como le decía antes, estoy atento a que la vejez pueda dar lugar a nuevas relaciones. Por supuesto, todo esto es relativo. En el fondo, saber si uno es de veras contemporáneo de su tiempo es una pregunta que uno se puede hacer a cualquier edad. Es cierto que las actitudes de rechazo, de encerrarse en sí mismo son también signos de los tiempos. Pero mejor mirar de frente.

-Hay dos preguntas que aparecen en más de un ensayo suyo: quién soy y qué soy. Incluso, podría decirse que ambas están íntimamente conectadas.

-La pregunta por la identidad, “quién soy”, es una forma clásica; el “qué soy”, en cambio, introduce una perspectiva más metafísica. Pero cada vez estoy más convencido de que la segunda es una profundización de la primera. Rousseau, al final de su vida, estaba más sereno. Era porque había renunciado ya a toda inquietud sobre la pregunta “quién soy”. Su sentimiento estaba más allá de la identidad personal.

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SARAH PINK. Etnografía digital y sensorial.

Entrevista a Sarah Pink, 19 de junio de 2016.

https://redaccion.lamula.pe/2016/06/19/sarah-pink-la-antropologia-y-la-inevitabilidad-de-lo-digital-en-el-mundo/nayoaragon/?platform=hootsuite

http://energyanddigitalliving.com/doing-sensory-ethnography/

La antropología amplía sus horizontes. Clásicamente vista como una ciencia que sólo estudia a un ‘otro’ lejano y ‘salvaje’, hace años esa mirada (gestada y criada por la colonia) se limpió y dio un giro de 360 grados para mirarse también a ella misma. A nosotros mismos. Cómo actuamos, cómo vivimos, qué mecanismos funcionan detrás nuestro sin que nos demos cuenta. Los fenómenos de los avances digitales y sus nuevas velocidades, y las nuevas maneras de vivir y mediar nuestras vidas a partir de ellos, no quedan fuera de esta apertura de temas a estudiar.

Sarah Pink es una antropóloga británica que está en la punta de la lanza de la disciplina. Trabajando como profesora en el ‘Design Research Institute’ del RMIT (el Real Instituto de Tecnología de Melbourne), su trayectoria y campos de interés no son los de un profesional clásico de esa carrera. Pink es una autoridad mundial en cuanto a metodologías de etnografía visual digital y etnografía sensorial, siendo directora, también, del ‘Digital Ethnography Research Center‘.

Además de su trabajo académico, la mayoría de sus proyectos prácticos se basan en la colaboración interdisciplinaria con diseñadores, ingenieros y artistas. A quienes brinda su ‘expertise’ en investigaciones sociales y culturales.

Pink estuvo en Lima hace unas semanas invitada por la Maestría de Antropología Visual de la PUCP -un departamento dentro de esta universidad acostumbrado a traer invitados de lujo- para que de una conferencia sobre los nuevos enfoques que practica y también para que organice un seminario con alumnos tanto del pregrado como del posgrado de la especialidad. Conversamos con ella sobre los desafíos de la antropología en abarcar a un sujeto que cada vez se mueve más rápido, y sobre la necesidad de tomar en cuenta la experiencia digital para entender al medio ambiente en el que el hombre vive.

¿Qué sientes que ha caracterizado, por llamarla de alguna manera, a la ‘revolución digital’? ¿Qué la ha distinguido de otros avances tecnológicos que cambiaron la manera que el hombre ordena y media su relación con el mundo?

En primer lugar, no sé si la llamaría una revolución digital porque los cambios suelen ser muy lentos. Es más una ‘incorporación’. Cada tecnología nueva, y la innovación tecnológica que la acompaña, abre más posibilidades de vida. Pero la gente no hace las cosas que los diseñadores piensan que se van a hacer. Esto siempre sucede. Se hacen cosas no esperadas, pero que tienen continuidad con lo sucedido antes.

Un ejemplo es el ‘self tracking’, que es la auto monitorización de la vida, el medir o coleccionar datos sobre los pasos que tomas. Las personas que practican esto pueden hacer un paseo en bici y grabar su ruta, datos de velocidad, lo que sea. Y lo pueden subir, compartir y comentar en sus redes. Estudiando esta dinámica entrevisté a una persona que hacía bicicleta, pero quería que su ejercicio se representara en pasos medidos y, por lo tanto, ponía la pulsera de ‘self tracking’ en su bolsillo. Entonces, al manejar bici su pierna se movía y “contaba pasos”. No importaba que realmente los diera o no, lo que quería era un tipo de reconocimiento de que había hecho ejercicio.

La antropología y la etnografía nos dan una forma de entender e investigar el mundo de otras personas y realmente encontrar este tipo de cosas. Lo inesperado, las cosas que las mismas personas tienen escondidas hasta de ellas mismas, pero no de forma intencional. Los hábitos personales que se practican pero que no se cuentan a otras personas porque no son relevantes a una conversación normal.

A partir de la globalización de las comunicaciones y el transporte, la gente y sus estilos de vida ya no están ceñidos a un lugar. Y con la existencia de los medios digitales más aún. Esta aparición de lo digital no es algo nuevo, está ya introducida en la cotidianidad de la gente, pero las ciencias sociales se han quedado un poco rezagadas en tratar de captar esto. ¿Cómo hacer para que se pongan al día frente a las prácticas de sus sujetos de estudio?

La vida que ahora vivimos está tanto ‘online’ como ‘offline’. Con los compañeros de trabajo del RMIT tenemos un concepto que desarrollamos llamado la ‘materialidad digital’. La vida material y la digital no son cosas separadas. Nos movemos en un mundo que es las dos cosas a la vez. A pesar de que pueda pasar que estés físicamente lejos de una persona, puedes ‘estar’ con ella porque están juntos online. No es necesario hablar continuamente para saber que otras personas están contigo.

Yo creo que es una forma muy interesante de pensar en cómo vive la gente. Y es un reto considerar esta dimensión cuando estudiamos esto. Estar con una persona online es algo muy sutil. Yo te observo, por ejemplo, y de vez en cuando puedes mirar tu celular, y yo no sé que estás haciendo, si estás hablando con alguien, cómo dialogas con él. Puede ser un segundo, pero en él ya estás con él.

¿Cómo investigar esto? Pues te sigo, te pregunto qué ha sido esa comunicación. Eso sí se puede hacer. Otra forma de investigar más económica con el tiempo es pedir que una persona te enseñe su tecnología (su smartphone o tablet, etc.) y te explique las conversaciones o interacciones que se han grabado, porque algo también interesante de estas tecnologías es que normalmente registran las interacciones que han tenido con otras personas. Puedes usar estas grabaciones como un material de investigación y pedir que alguien te lo comente, te explique qué significa. Desde ahí puedes registrar los sentimientos, procesos, razones por las que ocurren ciertas cosas.

¿Qué es la etnografía digital?

Es un acercamiento a lo digital. Pero no entendemos ‘lo digital’ sólo como objeto de estudio necesariamente. También lo entendemos como una parte del ambiente en el que vivimos. Así que yo podré hacer un estudio sobre una tecnología como por ejemplo, lo del self-tracking, pero también otros estudios que no tengan a la tecnología en el centro. Pueden ser estudios, y pongo como ejemplo algo que he hecho, sobre cómo la gente vive en su casa porque lo digital aparece en este ámbito, como parte del medio ambiente.

Hablabas un poco en que no hay mucha diferencia entre el mundo real y el mundo digital. ¿Pero crees que hay diferencia en cómo la gente se construye y performa su identidad en el ‘mundo real’ y las redes sociales?

Hay muchas maneras de interactuar con esta tecnología, y mi trabajo se trata más de esto que de ser una experta sobre redes sociales. Las observo como parte de otras cosas en lo que hago, pero hay otros académicos dentro de las etnografías de antropología digital que ven específicamente ese tema.

Lo que más me interesa a mí es la cuestión de cómo vivimos y cómo percibimos el ambiente en el que actuamos, y cómo este cambia. Sus configuraciones, procesos y sensaciones. Para mí lo digital es muy importante porque es una parte que no se puede evitar de este mundo. Por lo tanto, me interesa estudiar las relaciones que tenemos con tecnologías tanto como me interesa estudiar el contexto más amplio de cómo estas cosas forman una parte pequeña de la vida de una persona.

Justo por ahí iba mi siguiente pregunta. ¿Podrías explicar un poco en qué consiste la etnografía sensorial?

No es tan diferente a la etnografía digital. Es una forma de insistir dentro de las ciencias sociales en que lo sensorial es una parte de nuestra experiencia. Una forma por la cual sabemos cosas y conocemos el mundo. Con esto me refiero a las cosas que no hablamos. A las que sentimos, puede ser tanto emocional como sensorialmente, pero no contamos. Las cosas que sabemos con nuestros cuerpos pero que no enunciamos.

Una parte de mi trabajo es un cruce con el diseño. Yo creo que para diseñar objetos, procesos, políticas públicas, o lo que sea, es importante saber no simplemente lo que te diga la gente, sino también cómo es su experiencia.

Un proyecto sobre diseño en el que participé recientemente fue sobre el hogar. Nosotros como etnógrafos trabajamos con diseñadores para entender la experiencia del hogar y los medios digitales; y cómo influían en el uso de energía. A partir de estas averiguaciones, los diseñadores hicieron intervenciones para ayudar a la gente a usar menos energía en sus hogares.

En la descripción de la página web del estudio se dice que los sujetos estudiados “aprendieron en sus cuerpos” estos hábitos.

Descubrimos qué era lo que hacía la gente para estar a gusto en sus hogares (poner música, ordenar, abrir la ventana, poner la calefacción o el aire acondicionado, prender la tele, etc.). Todos estos hábitos no se explican, no se hablan. Porque no es necesario contar a quien sea cuáles son las luces que pones en la sala por la noche, por ejemplo.

Lo que se quería ver a través de la antropología sensorial es cuál es el conocimiento corporal que tienen las personas sobre estas acciones. Pero si son cosas que no piensan conscientemente, que no dicen, ¿cómo las puedo descubrir? Yo les pido que me enseñen lo que hacen en sus hogares. Eso es importante en la etnografía, el hacer. Que es lo mismo que hicieron los antropólogos clásicos cuando fueron al campo a vivir con un grupo de personas. Aprender cómo viven los demás. Entender cómo se siente vivir así.

https://player.vimeo.com/video/101881324

Estas cosas que buscas encontrar suenan a algo difícil de explicar dentro de un soporte clásico en las ciencias sociales como un texto. Existe también una necesidad de buscar otros soportes? 

Mi práctica como antropóloga es hacer trabajo académico, pero me gusta que casi todos mis proyectos, quizá la mitad, sean aplicados y tengan algún uso en el mundo. Poder trabajar para una empresa, o para diseñadores, o con artistas, fotógrafos o documentalistas. Para mí es muy importante que mi trabajo tenga impacto en el mundo, que sea útil. El haber reflexionado de forma académica ciertas investigaciones me ayuda a formar más ideas que luego intento traducir a proyectos no-académicos para que sean aplicables, y para que puedan ser aplicados también como pedagogía pública.

Creo que la antropología tiene muchísimo que contribuir al mundo. Pero muchas veces los antropólogos sólo hablan entre ellos, en sus revistas académicas, en sus libros. Eso es importante porque si no lo hicieran no habría antropología. Tienen que formar sus críticas y todo, pero a la vez nuestra disciplina se debería abrir muchísimo más.

Entiendo que lo que voy a decir pueda ser un problema, así para mi no lo sea, pero lo que tienes que hacer es ceder cuando colaboras con gente de otros campos. Tu enfoque no tiene que ser tan antropológico, no tan completo, porque luego no hay espacio para los intereses, necesidades y prácticas de las otras disciplinas.

El ideal es construir con otros saberes.

Sí. Puedes mantener lo que es clave para la antropología pero para comunicar y colaborar con otros grupos tienes que abrirte a enfoques diferentes para poder hacer este contacto.

https://educast.pucp.edu.pe/video/6841/conferencia_magistral__big_data_y_etnografia_datos_personales_en_un_mundo_incierto

 

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Brexit.

Se levantan de nuevo los muros pero se olvidan a las personas al otro lado.

Una pequeña porción de tierra y la economía prima sobre los intereses de las personas…

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MI Cultura.

MI Nacionalismo.

MI País.

MI Gente.

MI Patria.

MI Mierda.

 

Esperemos que esta ruptura económica no corrompa el deseo de las personas por mantenerse unidas.

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